Las palabras de la selva por Anamaría Varea

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EL DOLOROSO IMPACTO DE LA PETROLERA TEXACO EN LA AMAZONÍA ECUATORIANA:

El estudio “Las palabras de la selva” se enfoca en el impacto sociocomunitario generado por la explotación petrolera a cargo de la Texaco en la Amazonía ecuatoriana entre 1964 y 1990. Valorar este impacto llevó a los investigadores a recorrer comunidades, ríos e historias. La evaluación ambiental incluye el contexto social, y como ellos bien dicen: un impacto social no puede separar la tierra de las personas, el agua de quienes la beben y la biodiversidad del modo de vida de la gente.

El estudio es cualitativo y cuantitativo; se realizaron 1.064 encuestas en las zonas afectadas, en 23 parroquias de Orellana y Sucumbíos, en aproximadamente 140 recintos (113 mestizos y 24 comunidades indígenas). Se trabajó con seis grupos focales de cuatro etnias indígenas: cofán, siona, secoya y kichwa y dos correspondientes a comunidades colonas de población mestiza en 17 comunidades.

El trabajo de análisis e investigación es riguroso, metódico y objetivo. Nos permite evidenciar la magnitud del impacto que generó la mala práctica petrolera de la Texaco. Esto se manifiesta a través de los relatos de la gente, el procesamiento de las encuestas, la reconstrucción de la historia en los grupos focales y la revisión bibliográfica. Los datos y las conclusiones son contundentes.

El libro incorpora un componente novedoso, que es el impacto psicosocial y su lectura nos lleva a conocer como vivió la gente con este impacto; cómo eso afectó sus vidas. Talvez esta conjugación debe hacerse en presente pues muchos de estos impactos aún están allí. Su lectura conmueve, duele y espeluzna.
Una de las personas entrevistadas cuenta que “fue una vida linda, excelente. Teníamos la selva, la fauna limpia, había muchos animales.

Vivíamos muy cómodos; sin bulla ni heridas, la selva era un paraíso. En el año 41 no había ningún blanco, sólo había selva. Nuestro mercado diario era la selva, había mucha pesca en los ríos. Teníamos extensos territorios por dónde caminábamos, no teníamos límites. No conocíamos lo que eran las enfermedades, no habían gripes. Teníamos muchos rituales y encuentros con los poderes de la selva.”

Queda poco de esa imagen de la selva, ya no existe donde estuvo Texaco. Entre un 81 y 96% de la población encuestada señala una afectación grave a la naturaleza, como consecuencia de la actividad petrolera de Texaco, con la afectación de aguas, muertes de animales, rotura de piscinas o quema de crudo.

Las “palabras de la selva” nos dicen que quienes viven ahí lloran a menudo. Las encuestas señalan que “las mujeres que veían los peces muertos lloraban de tristeza, lloran también porque tienen miedo, lloran porque su familia está enferma, lloran porque vivir en riesgo permanente genera ansiedad, inseguridad, preocupación permanente. Yo sí lloro porque soy la madre de mis hijos y sí me duele bastante y tengo miedo que me digan que mi hijo tiene cáncer y a lo mejor ya no tengamos el dinero suficiente para seguir el tratamiento de toda la familia”, dice una señora.

“Todo lo que nosotros trabajamos se va en esa enfermedad y no tenemos nada más, no va a quedar nada para nuestros hijos, ni para más tarde, sólo los recuerdos.”
Las “palabras de la selva” nos hablan de las condiciones en las que la gente vivía, cerca de los pozos petroleros, al lado de la piscinas llenas de tóxicos y aguas de formación, yendo y viviendo por caminos y carreteras en las se derramaban el crudo, donde se incendiaban las piscinas con tóxicos, bebiendo y bañándose en esteros y ríos dónde era evidente que el agua estaba envenenada.

¿Cómo negar este impacto severo, grave, criminal? Las evidencias estaban allí, eran visibles, palpables, cada persona con la que se conversaba decía estar afectada, mostraba sus ronchas en la piel, mostraba que no tenía agua para beber, para lavar la ropa, para cocinar. Relato todo esto en pasado cuando la situación, en muchos casos sigue siendo muy similar y es lo que las “palabras de la selva” nos cuentan en cada una de sus páginas. Información que causa indignación. Es la información que cada una de las inspecciones ha puesto evidencia, dónde se ha verificado que no ha existido remediación.

Tal como lo señala un miembro de la comunidad kichwa de Rumipamba. “Remediación no ha habido, sólo han dejado taponando, han dejado de botar por la vía, pero remediaciones hasta aquí no han limpiado nada, han taponado, pero Texaco hasta aquí nada. Taponar es que abren un hueco grande y le ponen palos encima y chatarra y tanques y después con pala les botan la tierra, cuando el agua llega a ese punto, el crudo sigue saliendo.
Eso no es remediación, es taponar.”

Toda la información claramente sustentada, analizada y presentada a través de las “palabras de la selva” nos muestra que hay un elevado nivel de sufrimiento o impacto psicológico de las pérdidas, causadas por los accidentes de la mala práctica petrolera, lo que destruyó el hábitat y empeoró las condiciones de vida. El 65% de los encuestados mostró sufrimiento o duelo a causa de los accidentes. Este sufrimiento no fue solo en el ámbito familiar sino especialmente colectivo y comunitario. Los efectos económicos de los accidentes fueron notables, en un 93% ocasionando pobreza y destrucción de chacras en un 87%.

El estudio también incurre en la afectación al medio ambiente, el condicionamiento de sus prácticas en la caza, pesca y alimentación, así como los accidentes en la naturaleza, la familia o la comunidad. A mayor percepción de daño en el medio ambiente, mayor es la percepción negativa de las condiciones de salud personal y familiar. Leyendo la información relativa a impactos en la salud se me ponía la piel de gallina, ahora mismo me da escalofrío, tengo el corazón hecho puñete y un nudo en la garganta. Como mujer, el impacto en la salud materno-infantil me impresionó mucho y me conmovió hasta las entrañas. La investigación da cuenta de que el número de abortos por familia aumenta a mayor grado de exposición.

Frente a toda esta mala práctica petrolera, las “palabras de la selva” nos cuentan cual fue la actuación de la compañía Texaco, nos hablan de que se vivía un clima de inseguridad, que vivieron experiencias de violencia, amenazas, actitudes de discriminación hacia la población y que el personal tenía una conducta hostil hacia la población. En sus palabras, la gente relata que había trabajo forzado para las mujeres y resultan muy impresionantes, dolorosos y desgarradores todos los testimonios que hacen referencia a la violencia sexual: “Luego de que su esposo murió se la llevaron para que trabaje como prostituta en el campamento de Texaco. La llevaron aproximadamente 3 años por diferentes campamentos.

Su hermana fue violada cuando tenía 13 años, en 1972 aproximadamente en Santa Cecilia, en un recinto más arriba de Dureno. Cuando tenía ocho años fui testigo de la violación de la señora Marina, en la orilla del río. Me asusté porque pensé que la iban a matar y vi como entre algunos hombres la cogieron de las piernas y los brazos, la desvistieron y la violaron entre aproximadamente 10 hombres. Me asusté muchísimo y salí corriendo mientras lloraba.”

¡Que historia tan dolorosa….tan traumática! Les confieso que este viaje retrospectivo me ha resultado cuesta arriba, a más de hacerme revivir momentos impresionantes, me ha hecho retomar conciencia del enorme impacto socioambiental, psicosocial que sufre la población que vive en esa área, que era selva, antes de que llegue Texaco.

*Este texto recoge una síntesis de la presentación del libro Las palabras de la selva, Carlos Martín Berinstain, Rovira Páez e Itziar Fernández, Hegoa, Bilbao, 2009. La presentación se realizó el 29 de abril de 2009. Rescatado del libro: La Maldición de la Abundación de Alberto Acosta, 2009.