CONAMAQ: “¡Que se abra la puerta!”

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(Equipo de Comunicación Indígena Originario)

I

La calle Uría de la Oliva, en Sopocachi, no estaba tan tranquila como siempre en el año. En la puerta de la sede del Consejo Nacional de Ayllus y Markas del Qullasuyu (CONAMAQ), unas 150 personas mandadas por el Gobierno nacional querían entrar violentamente, porque a eso las habían mandado. En la puerta, cinco personas evitaban que se metan y pedían, esgrimían razones contra la turba, que para nada iba a razonar. Era la noche del martes 10 de diciembre, Día Internacional de los Derechos Humanos. La mayoría de los medios de comunicación ya se habían retirado, porque les dijeron que corrían peligro si seguían informando lo que allí sucedía. Los mandados por el Gobierno querían que nadie viera lo que iban a hacer.

-Usted compañero ¿a qué organización pertenece?- preguntó uno del grupo a quien escribe esta nota, que estaba solo parado ahí contemplando el espectáculo con una inevitable tristeza.

-Aquí estamos en la vía pública y soy libre de estar. Si usted no quiere que vean lo que hace, no lo haga en la vía pública- fue su respuesta.

-¿De qué organización es usted?- reiteró el mandado por el Gobierno. Para ese momento, alrededor de este cronista se había hecho un vacío. Solamente lo rodeaban y lo miraban seis hombres vestidos según la costumbre de algunos suyus, pero ello no quería decir que fueran más indígena que cualquier bailarín de comparsa.

-De ninguna- mintió con toda justicia quien escribe esta nota.

-Si se quiere hacer el bravo, aquí nomás lo moderamos a chicotazos- se atrevió a amenazar el mandado.

-Si usted hiciera eso, cometería un delito.

-No importa, así nomás lo arreglamos- dijo ese líder de la turba, apañado por toda la gente allí presente.

En perfecta coordinación con la Policía Nacional, ese grupo de asalariados del Palacio Quemado (porque no son autoridades de nada, ni en sus casas), tumbaron la puerta de la sede de la organización matriz que reúne a las 16 naciones originarias de los Andes de Bolivia. Entonces empezó el histrionismo de la Policía, que acompañó a los usurpadores para echar a patadas y puñetes a 50 autoridades legítimas del Consejo, quienes defendían lo que es del CONAMAQ ante los permanentes manoseos y atropellos del gobierno de Evo Morales.

Los uniformados impusieron un orden a su estilo, a palazos. Entonces se pararon en la puerta para no dejar entrar a nadie más hasta que el CONAMAQ solucione su conflicto orgánico. Porque en el discurso del Gobierno nacional, están en disputa dos sectores del CONAMAQ. Pero no son en realidad dos sectores: hay un solo sector, el del CONAMAQ legítimo y orgánico, enfrentado a un grupo organizado por el Gobierno nacional para atacar y dañar al CONAMAQ verdadero, independiente, que no se arrodilla ante los dictados del Gobierno. Ese es su gran crimen, según los ocupantes del Palacio Quemado.

Por suerte, dentro de la sede del CONAMAQ quedaron cuatro mujeres en defensa de lo que pertenece a los 16 suyus. Ayer, por arte de magia, aparecieron adentro otras dos autoridades del Consejo: Juan Guarayo, de la nación Yampara, y Fidel Condori Mita, de la nación Qhara Qhara.

II

En la mañana de hoy, 12 de diciembre, más de 1500 hermanas y hermanos del CONAMAQ (el único) se reunieron en la zona de la Terminal. Marcharon por El Prado más de una hora hasta llegar a Sopocachi. La puerta del CONAMAQ era resguardada por 15 uniformados de la Unidad Táctica de Operaciones Policiales (UTOP), que en un instante fueron rodeados por las y los originarios.

“Esta no es la oficina de (Carlos) Romero (ministro de Gobierno), no es de la Policía. Ha sido comprada durante su gestión (del presidente Morales), pero ha sido comprada con nuestra plata”, gritó desde la ventana principal tata Guarayo. Los uniformados no pudieron evitar que hablara, como habían hecho durante el día anterior bajo amenaza de meterse y sacarlos a la calle.

-Ahora es cuando. Si no recuperamos nuestra sede ahora, nosotros perdemos- gritó una mama t’alla que estaba en la misma ventana.

Abajo, en la calle, las y los presentes se deshacían en dudas. Algunos exigían a los policías que se fueran. Otros, sugerían respetar el acuerdo con el ministro Romero. Mañana, 13 de diciembre, el CONAMAQ elegirá a sus nuevas autoridades. Entonces los uniformados se retirarán, porque supuestamente ya habría cesado el conflicto fraguado por el mismo Gobierno nacional.

Mientras debatían bajo el sol del mediodía, desde la ventana del CONAMAQ devolvían sus sombreros a quienes los habían perdido durante el desalojo de la Policía Nacional y los indígenas vendidos, también llamados “wist’us”.

Decenas de sombreros lanzaron a la calle para que llegaran a sus dueños. Desde abajo, les arrojaban comida, porque estaban pasando hambre quienes resisten en la sede.

-Tatas mallkus: ¡Queremos salir!- imploró tata Guarayo.

-No estamos en un gobierno de facto para estar encerrados los originarios- complementó otra mama t’alla desde adentro.

-¡Que se abra la puerta!- gritaban desde abajo, con alientos de hoja de coca y apretados los ponchos con olor a campo.

-¡Que se retiren los soldados!

-Si no se van ¡por las malas abriremos!- gritó un tata.

Pero finalmente primó la vía pacífica.

El conflicto entre el Gobierno y el CONAMAQ trajo a Bolivia al colombiano Gerardo Jumi, presidente de la Coordinadora Andina de Organizaciones Indígenas (CAOI), que agrupa a originarios de Ecuador, Perú, Colombia, Bolivia, Chile y Argentina. Cuenta con estatus consultivo ante las Naciones Unidas.

“Destaco la capacidad de resistencia, de diálogo y de tolerancia del CONAMAQ para ayudar a sostener un diálogo”, dijo Jumi, aunque solo podían oír quienes lo rodeaban.

-¡No se escucha!

-¡Suba el volumen!- gritaban desde más lejos.

“Creo que el diálogo político entre el CONAMAQ y el Gobierno nacional permitirá solucionar esta circunstancia”, agregó Jumi, entre otras cosas que efectivamente no llegaron a todos los oídos allí convocados.

Los tatas y mama t’allas realizaron un acto ritual para pedir y agradecer a la Pachamama. Luego, todos (menos los policías y quienes quedaron en la ventana del CONAMAQ) se fueron hacia el Coliseo de la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA) para reunirse en Jach’a Tantachawi, donde analizan y debaten la situación del país y de los pueblos indígenas. También hubo allí tiempo para la música, el baile y la misk’inchada. Confían en que mañana, con las nuevas autoridades, el Gobierno les devolverá su sede. Y sienten que, a pesar de todo, la casa de los pueblos indígenas todavía es de ellos.

Las autoridades en las ventanas habían pedido desesperadamente a los de afuera que entren a la fuerza a su propiedad de ellos. No lo hicieron, pero la presencia de las hermanas y hermanos del CONAMAQ todavía adentro de la sede les hizo entender que aún no están derrotados, que esta historia continúa.

 (Equipo de Comunicación Indígena Originario)

 

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