Bolivia: Indígenas Tacanas denuncian violación masiva

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Tacanas denuncian violación colectiva por lío de tierras

 

Nueve indígenas tacanas, entre ellas dos menores de edad, deEl Retorno, Pando, denunciaron ante el Ministerio Público haber sido violadasel 19 de enero como una forma de amedrentamiento en una disputa por tierrasdestinadas a la producción de almendra. Después de los sucesos algunas de suscasas fueron quemadas. 

La Fiscalíaemitió una orden de aprehensión contra los acusados, pero ninguno está detenidoy el proceso en su contra avanza lentamente. Aunque realizaron denunciaspúblicas, los indígenas han logrado escaso apoyo de las autoridades, con laexcepción de la Defensoríadel Pueblo y hasta hoy reciben amedrentamientos.

El Retorno, comunidad pandina ubicada al sureste de Cobija, fue escenario delataque que, aseguran las afectadas, se compara a escenas de una película deterror. En el hecho también fueron maltratados niños y adultos, dice ladenuncia.

Según la acusación, 60 barraqueros (recolectores de castaña) oriundos deRiberalta llegaron al lugar liderados por dos mujeres. Estaban armados conescopetas, machetes y palos. Fueron contratados por una familia que asegura serla propietaria del terreno de 10.000 hectáreas y que busca sacar a losindígenas tacana, del Movimiento Sin Tierra, del lugar. 

Como una forma de intimidarlos y forzarlos a salir redujeron y maniataronprimero a los hombres y luego violaron a las mujeres. Este medio intentó, enRiberalta, hablar con los denunciados, pero no se consiguió ubicarlos. 

“Me agarraron entre varios cuando estaba dentro de mi casa. Me patearon, metumbaron y me dieron un golpe en la nuca con una madera, me desmayaron. Aldespertar estaba sin mi ropa y sólo había una polera que me cubría. Tenía dolory hemorragia. Me violaron”, relató Damaris, de 16 años, a Página Siete.

“Cuando todo terminó, nos levantaron del suelo y nos obligaron a caminar, asalir de nuestras casas porque decían que era de ellos ese lugar. Cada vez queme acuerdo me pongo mal”.

Según la denuncia, los agresores sacaron a jalones a quienes estaban en susrústicas casas hechas de troncos y palmas. Las violaciones se produjeron enalgunos casos dentro de sus viviendas y en otros “las llevaban al monte, lasgolpeaban y les quitaban la ropa y ahí las abusaban”, narra Amparo Mendoza, de26 años, mientras sostiene en brazos a la menor de sus tres hijos.

“Recordar ese momento es doloroso. Las pesadillas siguen y nuestros hijos aveces no pueden ni dormir. Fuimos torturados, humillados y las mujeres,abusadas”, agrega Mendoza.

Ella dice que fue ultrajada por los barraqueros que llegaron con el argumentode que esas tierras les pertenecen “por derecho”.

Cuando habla de lo sucedido tiembla y su temor se exterioriza además en ladebilidad de su voz. Sus ojos hinchados delatan que el llanto aún persiste pesea que ya pasaron seis meses de la agresión sufrida.

El hecho ocurrió a las 9:00, cuando 18 mujeres, una docena de niños y diezvarones, entre adolescentes y adultos, realizaban sus actividades cotidianas enla comunidad. Los demás habían salido a comprar víveres y a participar en unareunión sectorial.

“Yo estaba lavando mi ropa y de pronto escuchamos disparos, gritos e insultos.Nos sacaron de las casas y comenzaron a golpearnos”, cuenta Daniela Navi (20).

Patricia Romero Zardán, fiscal de materia de Pando, informó que los afectadossentaron la denuncia ante el Ministerio Público el 14 de febrero por delitos deabuso sexual y agresiones físicas. Los indígenas denunciaron que el procesoavanza lento y que no son escuchados por las autoridades. Los amenazascontinúan.

“La denuncia (por abuso sexual) es contra miembros de la familia Rivero. Parainvestigar, el forense ha tratado de hacer las valoraciones médicasginecológicas, sin embargo, las víctimas no han aceptado ser valoradas ginecológicamente,lo que complica la investigación”.

La fiscal precisó que los denunciados fueron citados para declarar, sinembargo, “no se han presentado y ante esa inasistencia hay una orden deaprehensión para lograr sus declaraciones informativas”.

Manto de tristeza

El Retorno es una comunidad conformada por unas 150 familias tacanas; cadahogar tiene en general dos o tres hijos. Los indígenas viven de la zafra decastaña, que se realiza entre noviembre y febrero; el resto del tiempo obtienensus ingresos de la caza y trabajando como obreros en construcciones de caminos,viviendas y otras infraestructuras.

Para llegar a Riberalta, la localidad importante más cercana, los indígenassuelen caminar unas siete horas hasta el caserío de Vitiviti; algunos hacen eltrayecto en moto, en alrededor de una hora y media. 

Por Vitiviti atraviesa la carretera en la que llegan en cuatro horas en auto aRiberalta. Aunque El Retorno está en Pando, está más cerca de esa ciudadbeniana que de Cobija.

Una sombra de tristeza y rabia afecta a los habitantes de la pequeña aldea. Enel lugar donde vivieron momentos de angustia sólo se ven restos incendiadosjunto a prendas de vestir esparcidas por el suelo. Se distingue entre losdesechos un cartucho de escopeta.

“Quemaron todo lo que pudieron. Arrastraron a todos los que estaban,aprovechando que gran parte de nosotros se había salido a Riberalta”, relata elpresidente de la comunidad, Erwin Suárez.

Tras la violencia, que duró al menos dos horas, el grupo de barraqueros obligóa los tacanas a salir de El Retorno.

“Así, amarrados llevaron a los hombres y a algunas mujeres y a nuestros hijospor detrás”, cuenta Amparo. Recorrieron un trecho por la selva durante cincohoras y fueron “echados” en un bote por el río Beni.

Volvieron al día siguiente, pero están temerosos que los barraqueros cumplan supalabra de volver para expulsarlos.

Conflicto de tierras sin solución

El hecho de violencia registrado el 19 de enero en lacomunidad El Retorno, en el departamento de Pando, se generó por una disputa detierras que ya lleva alrededor de cinco años sin resolver. 

“Necesitamos que este conflicto se solucione, porque muchos de los compañerosque han sido maltratados huyeron a Riberalta por el miedo de volver a seragredidos por los barraqueros”, alega Erwin Suárez, presidente de la comunidad.

Las personas denunciadas por los tacanas como las agresoras habitan lacomunidad de San Luis, a pocos kilómetros de El Retorno, y son, dicen losagredidos, en su mayoría barraqueros que se amparan en el Decreto Supremo N° 27572que otorga en su artículo 20 “la concesión al derecho de acceso yaprovechamiento de los recursos forestales no maderables en el Norte Amazónicoa favor de personas individuales y colectivas que hacen aprovechamiento de losmismos (barraqueros)”.

Argumentan que tienen el amplio respaldo para exigir las tierras, pese a quelos comunarios de El Retorno solicitaron desde hace varios años la concesión deesos predios a su favor. 

Este medio intentó comunicarse con la parte denunciada (el grupo debarraqueros) en la ciudad de Riberalta, pero no fue posible.

 

Fuente: http://www.paginasiete.bo/2013-07-22/Gente/NoticiaPrincipal/171-172Gen00101lun22.aspx

Claudia Soruco/ El Retorno, Pando – 22/07/2013

Fotos: Freddy Barragán/Página Siete

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